Transformación digital (integral)

Muchas veces se entiende la transformación digital como un proceso orientado a actuar en una de las tres siguientes direcciones: (i) buscar una disrupción en la industria en que estamos mediante un nuevo modelo de negocio apalancado en una tecnología habilitadora reciente; (ii) detectar las posibles amenazas de ataque disruptivas sobre nuestro negocio o industria, y actuar para contrarrestarlas; o (iii) digitalizar los mismos procesos que hoy se hacen, bajo los mismos modelos de negocios, generando ganancias de eficiencia por automatización de procesos y reducción de costos de transacción. Cada una por separado constituye una simplificación que omite lo fundamental: la transformación digital consiste en un proceso de adaptación mental para abordar el negocio ante un nuevo contexto, completamente diferente, más que en una implantación tecnológica de artefactos. En efecto, la transformación digital implica un cambio en la forma de pensar y abordar el negocio que habilita y retroalimenta una manera diferente de actuar, aprovechando al máximo los espacios de oportunidades que las nuevas tecnologías y aplicaciones nos aportan.

Analicemos las diferentes visiones sobre los procesos de disrupción que habilitan las nuevas tecnologías.
Bajo la influencia de un pensamiento mágico suele suponerse que la disrupción es un evento misterioso, aleatorio e impredecible, que surge como una chispa de brillantez de algún cerebro privilegiado. Esta idea dificulta un análisis más profundo: la disrupción se encuentra muchas veces latente, dado un conjunto de condiciones que enfrenta nuestra industria o negocio y que la favorecen, y que es posible prospectar (ver Harvard Business Review, Disruptive Innovation, enero 2018).
Por otra parte, muchos suelen pensar que la disrupción ocurre por una sola vez, cuando en realidad se trata de olas que se van superponiendo y dejando paulatinamente atrás a las anteriores (secuencia musical: Virgin, CDnow, Napster, itunes, Spotify), y de allí el dicho: “cada Uber tiene su Uber”.
Finalmente, en los casos en que nuestra industria o negocio no ha sido aún afectado por una disrupción, se asume que si ésta surgiera nos afectaría de un modo tal que escaparía a nuestro espacio de control, y entonces no habría nada que hacer.

Estas tres formas de pensar: pensamiento mágico (evento misterioso), inmediatismo estático (un hecho puntual) y escapismo fatalista (sucederá y no hay nada que hacer) inhiben toda posibilidad de abordar una transformación digital eficaz y oportuna de nuestra empresa o industria.

La habilidad no consiste, entonces, en poseer la magia para producir la chispa, ni en tener paciencia o esperanzas, sino en prospectar adecuadamente la situación de nuestra industria en un horizonte mediano (5 a 10 años) incorporando en el análisis el potencial de desarrollo de tecnologías y aplicaciones habilitadoras, con una mentalidad abierta, disruptiva y audaz: autohackearnos imaginariamente y actuar en consecuencia con los resultados prospectados. Ello requiere deshabilitar paradigmas en obsolescencia (que todos tenemos; hemos vivido con ellos por años y gracias a ellos hemos sido exitosos) y generar apertura rupturista, lo que aspiramos suceda en nuestras cabezas (mentalidades) y no en nuestros artefactos ni algoritmos.

Los revolucionarios avances en tecnología están cambiando todas las industrias; más aún, cambian el mundo que habitamos. Solemos concentrarnos en los fenómenos de disrupción generados por startups y modelos de negocios que desafían a las empresas e industrias tradicionales y las hacen claudicar, pues estas historias son muy interesantes y sus consecuencias impactantes (Uber, Netflix, AirBNB, Skype, Waze, etc.). Pero también la transformación digital puede ayudar a hacer más eficientes industrias tradicionales que, por su escala y particularidades, estarán con nosotros con su estructura basal por muchas décadas. Pero si, junto con el carácter tradicional de esas industrias, mantenemos pensamientos tradicionales, por más tecnología que intentemos incorporar no lograremos, desde esa lógica, enfrentar las amenazas ni las oportunidades que están a nuestro alcance, pero que no vemos, condicionados por las anteojeras de nuestros paradigmas en obsolescencia.

Publicado originalmente en El Mercurio.

Daniel Fernandez K.

Daniel Fernandez K.