Un puñado de musgo

En 2011, NICK, el macho alfa de una comunidad de chimpancés de Uganda, comenzó a tomar agua desde un pozo natural de una manera diferente. La comunidad de 70 ejemplares en que habita ha sido investigada por científicos por más de 20 años, y nunca habían visto esta nueva forma de beber: en lugar de usar una hoja de árbol a modo de cuchara, Nick sumergió un puñado de musgo en un pozo de arcilla y bebió el agua desde esta esponja natural.

Tras una semana ya eran ocho los chimpancés que habían adoptado el nuevo sistema para beber un agua muy valiosa por su contenido mineral. Tres años después, más de la mitad del grupo de chimpancés ya usaba este método (que suplementa su dieta), propagado principalmente por las hembras madres.

El macho alfa innovó, su círculo lo adoptó como tendencia y las madres consolidaron la novedad como tradición al transmitirla a la siguiente generación (fuente: El País, España, 2 de mayo de 2017). La nueva modalidad se convirtió en una ventaja evolutiva: el grupo de chimpancés que sigue el nuevo método consume más minerales que el otro, que no lo hace. Está claro qué línea evolutiva prevalecerá en el futuro.

Esta investigación demuestra con claridad el poder de la memética: la adopción e imitación de comportamientos, prácticas y artefactos que constituyen una ventaja evolutiva, transmitida de generación en generación. Y también que ella no es patrimonio del homo sapiens; al revés, el homo sapiens surge desde la memética, pues estas ventajas evolutivas nos hacen superiores como especie, pero requieren una capacidad neuronal mayor (imitar, recordar, transmitir). Por eso tenemos un cerebro que pesa un 2% de nuestro peso corporal, pero consume un 20% de nuestra energía.

Una investigación reciente publicada por Deloitte University Press sobre negocios en la era digital muestra que la adopción de tecnologías es hoy el driver que jalona la capacidad de innovación de las actividades humanas y el motor de la productividad. Esta conclusión no resulta muy novedosa en sí misma, pero mirada en perspectiva evolutiva arroja luces interesantes. En el pasado, las políticas públicas impulsadas desde un gobierno a partir de ideologías o concepciones del mundo determinadas, sobre las cuales optábamos -a veces más democráticamente que en otras-, definían la forma en que se podía emprender.
Ello a su vez condicionaba nuestro trabajo como individuos: en qué, dónde, con qué prácticas. En función de la industria, negocio o emprendimiento de que se tratara, recurríamos a la tecnología como herramienta industrial, primero, y de gestión, más recientemente. O sea, la secuencia era políticas públicas a emprendimiento a personas (individuos) a adopción de tecnologías ad hoc.
Lo que rompió definitivamente esta secuencia fueron sucesivos puñados de musgo: la informática, primero, luego el computador personal, internet y ahora la comunicación ubicua (móviles) han hecho girar al mundo al revés. La adopción oportuna de una tecnología eficaz y diferenciadora ha dado a ciertos grupos de humanos una ventaja evolutiva, permitiendo surgir a empresas digitales que han desplazado a dinosaurios industriales.

La nueva secuencia (invertida) es que las tecnologías surgen, los individuos las adoptamos, nuevos modelos de negocios se apalancan en ellas y las políticas públicas corren detrás como ambulancias para intentar contener su emergencia en los mercados.

Como consecuencia, la política y la regulación están en crisis: una ola las revolcó. La tecnología produjo un quiebre, y la mayor conciencia del mundo que habitamos y de nosotros mismos creó un nuevo contexto. Junto con ello se develaron espacios de poder mal empleados y la confianza se rompió. Nació la nueva confianza horizontal y se produjo la crisis de las élites.

Así, la lectura de la política, de los fenómenos sociales y del emprendimiento desde los paradigmas del mundo antiguo, no tiene ya ningún sentido, aunque se sigue haciendo, y desde allí la confusión de muchos: “¿Qué nos pasó?”.

¿Cuál es el puñado de musgo emergente? La colaboración mediante prácticas horizontales que aprovechan la tecnología para generar nuevas confianzas, nuevos modelos de negocios y nuevas formas de ejercer la voluntad política. Pero la mayor parte de los humanos que provenimos de la ola anterior (la revolución industrial) no sabemos hacerlo: seguimos tomando la misma agua mediante la hoja de árbol como cuchara. Quienes beban agua con minerales desde el puñado de musgo, en cambio, tendrán una ventaja evolutiva imparable, y quienes meméticamente la adopten se subirán, a tiempo, a la ola del futuro.

El artículo completo se puede leer en Diario Pulso.

Daniel Fernandez Koprich

Daniel Fernandez Koprich

Daniel Fernandez Koprich